Portada de la película El Angel Exterminador.
Portada de la película El Angel Exterminador.
Calificación Esencial de Rehilete
Calificación Esencial de Rehilete

Reseña por Augusto Montero

El Ángel Exterminador (1962)
Luis Buñuel

Producciones Gustavo Alatriste
Película: Crítica literaria / Biografía

La asfixiante sensación de no poder salir y no saber por qué.

Según el Diccionario del Español de México (DEM) la “agorafobia” se define como fobia a los espacios abiertos; temor anormal o patológico a encontrarse en un lugar amplio y despejado, como una plaza, una calle muy ancha, etcétera”; también se le conoce como histeria colectiva a un fenómeno social y psicológico en el que un grupo comparte creencias, miedos o síntomas físicos (como mareos, desmayos o convulsiones) sin una causa orgánica identificable ¿Y qué pasa si ambas se combinan? La respuesta: la trama de un clásico del cine mexicano, El ángel exterminador del director español exiliado en México, Luis Buñuel.

Hay mucha carne que desmenuzar sobre esta surreal película, pero antes de entrar a eso, veamos de qué va la trama. Imagínense queridos lectores que los invitan a una cena de gala en una mansión señorial tras una noche de ópera. Todo es lujo, etiqueta y conversaciones triviales entre la élite. Sin embargo, en El ángel exterminador, Luis Buñuel convierte este escenario de ensueño en una pesadilla surrealista que cuestiona la voluntad humana.

La trama arranca con una señal de alarma: los sirvientes, impulsados por un presentimiento inexplicable, abandonan la casa a hurtadillas antes de que empiece la cena. El verdadero conflicto surge cuando la velada termina. Aunque las puertas están abiertas de par en par, los invitados descubren que, por una razón que desafía toda lógica, son incapaces de cruzar el umbral del salón. No hay cerraduras ni barreras físicas; es una parálisis psicológica colectiva que los mantiene prisioneros. Conforme los días se convierten en semanas, la fachada de civilización se desmorona de forma magistral. Los personajes, antes impecables, involucionan hacia un estado de barbarie y suciedad. El salón se llena de histeria, rituales extraños y una hostilidad latente. Buñuel nos muestra cómo el estatus y los modales son cáscaras vacías que se rompen ante el encierro. ¿Qué es lo que realmente les impide salir? Esa es la pregunta que nos mantendrá pegados a la pantalla mientras observamos su decadencia.

Esta película se volvió un instant classic por la forma tan sórdida con que aborda el tema de la locura colectiva, la hipocresía de las clases altas, la angustia existencial, pero sobre todo, por el ingenio de plantear un escenario donde el misterio permea todo el tiempo. Uno se mantiene en ascuas, deseando que la historia siga y siga solamente para averiguar la razón por la cual las personas no pueden salir. Y es que también conecta con los espectadores porque se terminan preguntando: si yo estuviera allí ¿qué haría? ¿me volvería loco como los personajes de la película o podría encontrar la forma de salir? Además, si por azares de la vida ustedes conocen a alguien que padece agorafobia, pueden ponerse en los zapatos de las personas que sufren dicha condición. No creo que haya sido la intención del director crear empatía hacia los agorafóbicos -a saber si en esa época ya se conocía esa condición-, pero creo que el arte puede ayudar a crear esos lazos humanos.

Recomiendo está película encarecidamente, aunque puede que, para el público moderno, acostumbrado a la inmediatez, llegue a parecer una obra fílmica desesperante, -sorpresa, sorpresa, esa es la intención. Si pueden hacer un trabajo de inmersión en cuanto sentirse uno más de los convidados al banquete, créanme que será una experiencia que nunca olvidarán.